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COMPRENDER BIEN ANTES DE APRENDER
Antes de querer memorizar un texto, cualquiera
sea el tema: francés, historia, geografía o ciencias, debe
primero analizarlo y comprender la significación exacta en sus
mínimos detalles.
Cuando usted encuentra un trozo que debe
memorizar, su primer trabajo debe ser darse cuenta de la
arquitectura del trozo, encontrar el plano de su ejecución,
buscar el camino que siguió el autor, ver por donde ha pasado
él, en qué se ha detenido;
dibujarse, por decirlo así, el orden de las ideas, pues este
orden es una forma de marco en que vienen naturalmente a
organizarse en su lugar, las imágenes, las palabras, de forma
que queden claramente fijas en el recuerdo. Las fórmulas
científicas, los pasajes difíciles, las palabras oscuras deberá
esclarecerlos y precisarlos recurriendo a otras obras, adecuadas
para tal efecto y, suficientemente explícitas, por ejemplo,
motores de búsqueda en la web, uso del diccionario (que debe
estar siempre a la mano), etc.
Para memorizar fácilmente una secuencia de hechos históricos,
debe buscar determinar las relaciones naturales que hay entre
ellos. No apareciendo aislados y encadenándose por tanto en una
serie de causas a efectos, su memorización será tanto más segura
como sólida al haber utilizado el juicio y la razón.
BUSQUE CLARIDAD, PRECISIÓN Y ORDEN
El gran enemigo de la memoria es la confusión.
Los auxiliares más poderosos son la
nitidez, la precisión y el orden.
No busque entonces aprender a la vez un gran número de nociones
y las que usted
mantendrá a la luz de la atención serán precisas y reducidas a
lo esencial. Usted
eliminará los detalles sin importancia de forma que las presente
al pensamiento bajo
la forma de ideas generales. Estas facilitan la memorización
porque, bajo una
presentación única, una sola palabra, una sola fórmula, una sola
frase, abrazan una
multitud de hechos particulares. De pasada, tenga en cuenta que
toda la publicidad
está basada en este principio: para que los “slogans” y los
nombres de marcas sean
memorizados deben ser presentados bajo formas simples y
precisas.
Por otra parte, el orden es la necesidad más imperiosa de la
mente: la memoria, en
particular, no puede con el desorden. Gracias al orden, la
memoria guarda sin
dificultad, agrega sutileza y encuentra voluntariamente una
cantidad increíble de
ideas y de hechos; sin orden, la memoria sucumbe bajo la menor
carga.
Esto es tan cierto que a falta de orden racional los
procedimientos mnemotécnicos, de
los que hablaremos en la última parte, ofrecen un orden
convencional más o menos
artificial. Pero no hay verdadero orden que no sea lógico. Usted
ordenará
racionalmente entonces, las ideas generales y las ideas
secundarias, es decir,
jerarquizadas y ligadas entre ellas por lazos lógicos. Tal es el
modo de hacer que su
mente este llena, sin que deje de estar bien hecho, de estar
llena no de basura, y que
contenga mucho sin llevar ningún peso muerto.
Lo que no impide que cada uno tenga su mnemotécnica personal y
sus pequeños
procesos más o menos ingeniosos para agrupar sus recuerdos y
hacerlos tornar
fielmente a la conciencia. Así, es útil, en el ejercicio de
memoria corriente, establecer
“puntos de referencia” bien seleccionados y agrupar
alrededor de ellos
todos los recuerdos conexos y subordinados.
Para situar por ejemplo, en el tiempo, un recuerdo indeciso, un
poco vago, usted
puede hacerlo oscilar, sobre la línea del pasado, entre dos
puntos de referencia; usted
lo asocia a uno, lo aleja del otro y lo fecha por comparación
entre tales dos puntos.
Usted puede decir: “El hecho pasó una semana después de las
vacaciones, 15 días
antes de la enfermedad de mi hermano, la víspera de tal
acontecimiento importante,
etc.” Vacaciones, enfermedad, acontecimiento, marcando puntos de
referencia
fechados con precisión y exactitud; pueden servir para localizar
y fechar otros
recuerdos.
Una intervención, análoga de la mente, puede ser empleada en
historia para fechar un
acontecimiento determinado.
LA REPETICIÓN ES LA MEJOR DE LAS RETÓRICAS
La vivacidad de la impresión y sensación
primeras condiciona la conservación de las imágenes. En toda
ocasión se puede que ella sea débil o incluso prácticamente
nula. En ese caso, a falta de vivacidad, la repetición dará a la
impresión débil una fuerza
suplementaria.
El psicólogo alemán C.
Ebbinghaus, demostró que el medio más eficaz para retener un
texto, era, no solamente el leer muchas veces, sino el dejar un
intervalo entre cada retoma.
Por otra parte, se ha constatado que la
influencia de las pausas es más importante al principio de las
repeticiones que al final.
Ustedes pueden leer el texto una o dos veces, sin pensar, y
retomarlo después de un tiempo de detención de siete u otro
minutos. Un trabajo subconsciente de clasificación, de
decantación y de grabación, del que ya hemos hablado y sobre el
que volveremos, se cumple automáticamente. Usted constatará que
si es necesario, por ejemplo, once lecturas sucesivas para
aprender un texto, no se requerirán sino seis cuando una pausa
de algunos minutos las separa. Estos intervalos permiten, de
hecho, que malas ligazones que puedan haberse introducido, se
borren, mientras que las buenas ligazones se refuercen y no
sufran el efecto del olvido.
Por lo demás, como lo
indica el pedagogo M. Guillaume, “así como una declinación en el
espacio hace salir las grandes líneas de un conjunto, una
regresión en el tiempo es favorable para la formación de una
representación esquemática”.
La primera y la segunda lectura serán hechas en
voz alta, luego repetirá mentalmente el texto. Es, después de
numerosas experiencias, la mejor forma de proceder, pues una
repetició mental exige una mayor atención que la repetición en
voz alta.
Por otra parte, dos o tres sesiones de estudio son preferibles a una
grande porque la atención se apaga rápidamente. Al cabo de algún
tiempo, en efecto, el interés que usted tenía en el trabajo,
disminuye y, usted, sigue haciéndolo más o menos
automáticamente. No obstante, no hay que caer en el exceso
contrario y multiplicar los periodos de estudio, pues, en ese
caso, si la atención no tiene el tiempo de fatigarse, tampoco
tiene el tiempo de ponerse en acción, lo que es otro
inconveniente: todo ejercicio intelectual, como también todo
trabajo físico, demanda efectivamente una “puesta en acción”.
Después de cada sesión, repose o efectúe un
trabajo maquinal o un trabajo diferente del de memorización:
copie notas, dibuje, resuelva problemas de matemáticas, de
física, de química, etc. Aquí incluso, y sobretodo si usted se
reposa o si se libra a un
trabajo que no demande mucho esfuerzo de atención, los recuerdos
que usted acaba de fijar se organizan en el inconsciente, se
tornan más estables y entran definitivamente en su memoria. Es
un hecho absolutamente general, válido en los animales tanto
como en el hombre, para los aprendizajes mecánicos como para los
aprendizajes verbales, para los aprendizajes por contigüidad
como para los aprendizajes por comprensión.
Si usted olvida los nombres propios poco después
de haberlos escuchado, puede utilizar con beneficio, el
procedimiento de repetición que fue empleado por el gran abogado
francés Laborie. Cuando él se encontraba en presencia de alguien
de quien
deseaba memorizar el nombre, se las arreglaba para repetir tal
nombre en el curso de la conversación. “!AH!, decía él, por
ejemplo, usted se llama Sr Dupensier. Qué curioso, yo conocí un
Léon Dupensier en Marseille. Que amable era él, señor Dupensier.
Será usted pariente con ese Léon, Sr. Dupensier?. Estoy deseoso
de que nos volvamos a encontrar, señor Dupensier!”
No era más que un ejercicio mnemotécnico. El Maestro Laborie
tenía necesidad de repetir cinco o seis veces, en voz alta, un
nombre propio para memorizarlo. Pero, al hacerlo no sólo
componía una ficha en su memoria: él se había creado, a la vez,
un amigo.
EL MÉTODO FRAGMENTARIO Y EL MÉTODO GLOBAL
Cuando se trata de aprender un trozo de prosa o
de poesía usted puede utilizar el método fragmentario o
el método global.
En el primer caso, usted aprende el texto por pequeños
fragmentos. Así, usted lee los dos o tres primeros versos de una
poesía, usted lo relee, y, luego se esfuerza para repetir sin
mirar el texto y vuelve una y otra vez sobre estos dos o tres
versos hasta que se los sepa.
El método global consiste en leer el
trozo entero e intentar retenerlo como un todo. Después de una
lectura, o, de preferencia después de algunas lecturas totales
usted ensaya repetirlo, luego vuelve a la lectura del texto.
Enseguida, sin preocuparse por el olvido que haya tenido al
repetir de memoria, efectúa aún una lectura global, es decir
entera, de principio a fin del texto.
“No hay necesidad de decir, escribe Alfred Binet, que este
método global es contrario a su instinto, pues existe mucha
mayor atención que el otro. Cuando uno repite por grupos de a
dos o tres versos, usted puede hacer el trabajo maquinalmente,
usted busca entonces memorizar la sonoridad de la frase, como
una música que impresiona la oreja interior; pero si usted se
exige leer todo es imposible retener el sonido, pues esta música
carente de sentido es muy corta, se escucha inmediatamente como
un eco; es preciso entonces fijar de otro modo su atención,
hacerla penetrar antes hasta el sentido, hasta las ideas del
trozo. Es el pequeño esfuerzo suplementario que desagrada, pues
usted está singularmente vacío de su atención. Ahora bien, la
experiencia enseña que el método global, a pesar de su pesado
carácter, es netamente superior al otro para la conservación de
los recuerdos: permite aprender más rápido y sobretodo, lo que
es más importante, asegura una conversación más larga y fiel.
Así, al cabo de dos años, puede aún relatarse el 23% de los
trozos aprendidos por el método global, y sólo el 12% de los
trozos análogos aprendidos por el método
fragmentario.
Creemos que la superioridad del método global
tiene muchas pequeñas causas, pero, la principal, en nuestra
opinión, es que utiliza la memoria de las ideas, mientras que
por el otro método usted no hace intervenir sino la memoria
sensorial de las palabras”.
De hecho, esta conclusión del eminente director del Laboratorio
de Psicología de la Sorbona es demasiado absoluta pues usted
puede, utilizando el método fragmentario, tomar el sentido
global del texto: basta leerlo primero, todo entero.
En todo caso, desde el punto de vista práctico,
la experiencia les a mostrado que el método fragmentario, que
exige un esfuerzo menor de atención que el método global,
conviene particularmente a los alumnos jóvenes a condición
siempre de que su facultad de atención esté intacta. Pero, en
los periodos de fatiga, en que el poder de atención es bajo, los
estudiantes y los adultos tendrán interés en emplear el primer
método.
HAGA TRABAJAR A SU INCOSCIENTE
Así como lo señalábamos a propósito del
entretenimiento, no es necesario buscar retener, en el momento,
una noción o un texto. Es necesario, para que se ancle en la
memoria, que la idea a retener envíe numerosas raíces a las
diferentes regiones de la mente, en particular a lo
inconsciente, y esto no es posible sino con el tiempo.
La memorización y en general el trabajo
intelectual son en efecto, para la gran mayoría, obra
inconsciente de la mente: es en el misterioso laboratorio de lo
inconsciente que se organizan los materiales de los que su
memoria esta hecha y cuyos resultados aparece enseguida a su
conciencia; es allí que se forman las obras, las más modestas de
la imaginación tanto como los descubrimientos geniales y es allí
también que se resuelven, cuando usted menos piensa, los
problemas de los que buscaba, esforzando su atención conciente,
en vano la solución.
A propósito de esto, un ejemplo banal esta dado
por la investigación de palabras cruzadas. Cuando ellas no
vienen inmediatamente a la mente, basta, con frecuencia,
abandonar un momento el juego para encontrarlas fácilmente: el
inconsciente no es un poder mágico, él no puede obrar sobre una
cuestión determinada, sino si las facultades concientes la han
ya examinado en todas sus fases. “La
inspiración, decía Napoleón, es la solución espontánea de un
problema largamente meditado”.
Es sobretodo durante el sueño que el enraizar,
que la talla de ideas, tiene lugar. Por lo que le aconsejamos no
preparar nunca una lección para el mismo día. Conviene
estudiarla, a más tardar, la víspera, o mejor, la antevíspera
del día en que debe estar aprendida y pensar en ella antes de
irse a dormir. Se sorprenderá de constatar a la mañana siguiente
o posterior que usted la sabe perfectamente. En todo caso, si no
es así exactamente, sus elementos aparecerán mucho más claros,
mucho más netos, mucho más simples, y, en definitiva, mucho más
fáciles para retener. A pesar de usted, el inconsciente trabaja.
Esta técnica se aplica, claro, no sólo a las lecciones para
aprender, sino también a la memorización de cualquier texto:
discurso, canción, papel de teatro, etc.
Un variante del procedimiento ha sido
preconizado por el instructor americano Max Sherover. Habiendo
tenido, una tarde, la idea de ayudar a su hijo a memorizar un
poema repitiéndoselo mientras dormía, constata a la mañana
siguiente que el niño
repetía su lección, sin falla. Entusiasmado por este resultado,
inventa el “cerebro-grafo” constituido por un magnetófono, de un
relojito eléctrico y de un minúsculo alto-parlante que se ubica
en las orejas. A una hora determinada, que corresponde al sueño
profundo, el aparato se pone en marcha él mismo y musita una
lección gravada por anticipado.
Hoy, es fácil, con ordenador, escuchar archivos
MP3 previamente gravados, durante la noche, a las horas que uno
desee programarlos. Basta con procurarse unos audífonos. Los
resultados obtenidos son frecuentemente satisfactorios.
Actualmente, muchos actores utilizan métodos de este género para
aprender sus papeles durmiendo.
En estos casos, todo pasa como si el cerebro, no estando ocupado
por inquietudes y trabajos diarios, tuviese una capacidad mayor
para asimilar y luego recordar la información.
Claro está, dado que el empleo del cerebro-grafo
impone al cerebro un trabajo intelectual importante mientras que
debería descansar, es preferible utilizar la siguiente técnica:
-
Se grava primero en la grabadora o en la
computadora en un archivo MP3, el texto que se desea
aprender o asimilar: lección, datos literarios,
lingüísticos, geográficos, históricos, científicos,
tecnológicos, etc.., y , si hay lugar, discursos, canciones,
papel de teatro.
-
Hecho esto, usted se instala
confortablemente en una silla o, mejor, se extiende en un
diván, silla de extensión, lecho y busca lograr un estado de
relajación lo más completo posible. Entonces, al cabo de
algunos minutos los ruidos de afuera son débilmente
percibidos, el cuerpo no se siente, la sensibilidad
disminuye.
-
Es en ese momento cuando debe funcionar el
texto gravado gracias a la intervención de una tercera
persona, o, de preferencia a la ayuda de un dispositivo
automático, tal que el “horario” esté previamente señalado.
Las palabras susurradas en un discurso no muy lento, deben
ser completamente audibles.
-
En el curso de la audición, no debe hacerse
ningún esfuerzo de atención ni de comprensión alguna. En
estas condiciones, los conocimientos y más aún los
conocimientos lingüísticos se inscribirán como por
encadenamiento en el cerebro.
-
Este método, que desde hace muchos años es
utilizado en el célebre Instituto de Sugestiología de Sofía,
es referido ahora en el mundo entero, y, en particular en
los Estados Unidos dónde él es altamente comercial. Pero el
procedimiento es frecuentemente explotado bajo una forma que
raya en el charlatanismo.
EL MEJOR MOMENTO PARA APRENDER
La conservación de los recuerdos exige
circunstancias favorables tales como una buena nutrición, una
buena circulación, una buena oxigenación cerebral. Ahora bien,
incluso si estas condiciones son llenadas, la memorización no es
fácil cuando el cerebro está fatigado. Si usted está estresado,
enervado, usted puede realizar un trabajo maquinal, tomar notas,
escribir una carta, pero estará en malas condiciones para
aprender. Esto es tan cierto, que los candidatos que preparan un
examen o una oposición en un estado de estrés logran recordar
poco de las lecciones que estudiaron en este estado.
En regla general, es desde las primeras horas
que siguen al sueño que el cerebro está dispuesto y que la
energía de la mente es mayor. Así, los autores señalan que ellos
tienen, en la mañana, más facilidad para escribir; al medio día
o en la tarde, prefieren
observar, tomar notas, hacer proyectos.
Por otra parte, numerosas experiencias han sido
hechas en escolares a fin de determinar el grado de su fatiga
intelectual en los diferentes momentos del día. Se ha empleado
para esto, el método de dictado, el de los ejercicios de cálculo
y el examen de la sensibilidad cutánea. Y se ha visto que es
sobretodo durante la clase de la mañana, que los alumnos,
tomados en bloque, tienen menos faltas de ortografía, calculan
más rápido, tienen la sensibilidad táctil más fina, y están, por
consecuencia, en posesión de sus medios.
Resulta de estas observaciones que usted debe, en principio,
elegir las primeras horas de la mañana para aprender cualquier
tema, literario o científico. Por otra parte, dado el importante
rol que juega el inconsciente, conviene mirar rápidamente en la
tarde, antes de acortarse, el tema estudiado en la mañana.
Esta regla, que consiste en aprender en la
mañana, no es por demás, sin excepciones. Las personas que
tienen el habito de trabajar hasta muy tarde en la noche, están
fatigadas a la mañana siguiente y por lo tanto mal dispuestas
para un trabajo de memorización. Por otra parte, los jóvenes,
que deben preparar algunas de sus lecciones en la casa, no
pueden en general aprenderlas sino en la tarde. Pero las
estudiaran siempre antes de la cena y después de un descanso de
al menos una hora, después de sus estudios.
EJERCICIOS DE ATENCIÓN Y DE MEMORIA
? Uno de los mejores ejercicios de atención
consiste en elegir tres temas diferentes, por ejemplo una
cuestión personal, una cuestión profesional, un tema de orden
científico, filosófico o literario. Luego, durante 5 minutos,
reloj en mano, piense únicamente en el primer tema. Al alejar
las ideas extrañas, lleve a la conciente el tema elegido. Al
cabo de 5 minutos pase bruscamente al segundo tema, y, en fin, 5
minutos luego al tercero. Cuando haya ejercitado bastante, le
será fácil pensar únicamente en lo que usted ha decidido
examinar y rechazar instantáneamente las ideas parásitas u
obsesivas.
? Partiendo de un número cualquiera, 100 por ejemplo, cuente
mentalmente, en forma decreciente, a ritmo de segundo: 99, 98,
97, 96, etc. Cuando haya contado fácilmente de 100 a 1,
regularmente y sin detenerse, usted aumentará la dificultad
partiendo de 200, 300, 400, o 500.
? Efectúe cálculos mentales, numéricos, relativamente fáciles,
escribiendo las cifras en un tablero imaginario y buscando
obtener el resultado sin utilizar papel ni lápiz.
? Hable lentamente concentrando su atención no solamente sobre
la idea expresada sino también, sobre las palabras.
? En los escritos, aplíquese en poner
correctamente los puntos, los acentos, la puntuación, la barra
en la letra “T”, en dirigir convenientemente las líneas, ordenar
armoniosamente el conjunto de la caligrafía.
? Eduque rápidamente su oigo al mismo tiempo que su atención
esforzándose en atrapar las diferencias de timbre en la voz,
buscando caracterizar una personas por el ritmo y el ruido de
sus pasos, descubriendo el sentido de las palabras extranjeras.
Los siguientes ejercicios, bien diferentes
de los que acabamos de ver, agudizan igualmente, la atención.
? Tome una hoja de papel entre el pulgar y el índice,
luego, durante cinco minutos, manténgala sin que oscile.
? Ahora tome un baso con agua, estire el brazo y evite el más
mínimo temblor.
? Ubíquese contra un muro, la espalda a la pared, el cuerpo
derecho, los talones tocando el muro, los brazos cayendo a lo
largo del cuerpo. Respire profunda y calmadamente. Luego, sin
cambiar de posición, eleve la pierna derecha de modo que el peso
del cuerpo caiga sobre la pierna izquierda. Busque mantener el
equilibrio. Obtenido este, eleve los brazos a lo largo del muro
a una posición horizontal, luego bájelos y vuélvalos a subir
coordinando el movimiento con su propio ritmo respiratorio.
Redoble la atención a fin de asocial perfectamente el movimiento
de los brazos con la cadencia respiratoria. En la dilatación de
los pulmones, eleve los brazos y déjelos caer lentamente en la
medida en que sus pulmones se llenen de aire. Busque un
movimiento rítmico. Sólo, los miembros superiores y la caja
toráxica deben tomar en este movimiento, parte. Su cuerpo debe
siempre permanecer contra el muro sin oscilación alguna. Este
ejercicio puede ser modificado elevando los brazos hasta que
estén verticales a cada lado de la cabeza. En tal caso, toda su
atención debe tender a mantenerlo contra el muro a pesar de la
inestabilidad de la posición.
? Junte las dos manos cruzando los dedos, puedo describa un
pequeño círculo con el pulgar derecho esforzándose en hacerlo lo
más regular posible. Luego, cuando su pulgar gire, ejecute el
mismo movimiento pero en sentido opuesto, con el pulgar
izquierdo. Al principio, sus movimientos se enredarán, las
distracciones lo llevarán a detenerse, pero en la medida en que
su concentración mental mejore, que su atención se desarrolle,
usted lo realizará mejor, cada vez mejor.
? Un ejercicio del mismo orden consiste en poner en juego las
dos manos con los dedos alargados y juntos por las puntas. Usted
tiene las manos ante usted, una enfrente de la otra, a una corta
distancia. Describa con la mano derecha una circunferencia de
unos veinte centímetros de diámetro, y continuando este
movimiento de rotación describa con la mano izquierda una
circunferencia análoga, pero girando en sentido inverso.
He aquí algunos ejercicios
que desarrollarán a la vez atención y memoria.
? Uno de los más simples y muy eficaz consiste en mezclar
10 o 12 pedazos de cartón de diferentes colores, alinearlos
sobre una tabla y, voltearlos al revés determinando la posición
de cada cartón y comenzando por la izquierda o por la derecha.
Los dos ejercicios que siguen son más
complicados:
? Haga establecer, por una tercera persona, en un tablero
dividido por ejemplo en doce casillas, la representación de un
objeto (vaso, candelero, balanza, sombrilla, martillo, tenazas,
etc.). Mire atentamente el tablero a fin de obtener un recuerdo
exacto y completo de lo que cada objeto representa, del lugar
que ocupa y de la manera como esta dispuesto en cada casilla.
Un segundo tablero de igual número de casillas, ha sido
establecido pero los dibujos figuran en casillas distintas que
el anterior, y en otro tablero, pueden las figuras presentar una
disposición diferente. Así, la imagen de un martillo que fue
dibujada en el primer tablero en sentido diagonal derecha, puede
estar dibujada en otro tablero en la diagonal opuesta; el plato
de la balanza puede estar abajo el derecho en un tablero, e
abajo izquierdo en otro tablero, etc. Habiendo retirado el
primer tablero de su vista, el ejercicio consiste, después de
haber examinado con atención el segundo tablero, en indicar, de
una parte, por cada dibujo, el número de la casilla del primer
tablero en el que figuraba, y, de otra parte, en precisar si el
dibujo ha sido modificado, sea por su posición, sea por alguno
otro detalle particular.
? Remplazando los dibujos de los objetos por figuras de aspecto
geométrico, el ejercicio, análogo al precedente, es más difícil
de realizar. En efecto, su dificultad resulta de la elección de
las figuras geométricas que, por su forma abstracta, confunde un
poco la imaginación de suerte que su recuerdo se conserva mal.
Sobretodo si las figuras son trazadas a partir de un pequeño
número de elementos (líneas derechas y líneas curvas, por
ejemplo, con exclusión de otras líneas) y si, además, algunas
figuras son análogas.
Otros ejercicios pueden realizarse en
cualquier momento, es decir, sin preparación previa.
? Uno de ellos consiste, como lo hacía Robert Houdin, en
observar los objetos expuestos en una vitrina, en establecer la
lista, una vez entre en casa e ir a verificarla al día
siguiente. El célebre prestidigitador había adquirido así una
tal capacidad de
atención que le era suficiente arrojar una mirada sobre la
vitrina de un almacén para estar en capacidad de decir
inmediatamente todo lo que allí se encontraba. Daba la impresión
de estar describiendo una fotografía.
? Una variedad de este ejercicio consiste en entrar en una pieza
amoblada, dar una mirada rápida alrededor de sí y luego anotar
todos los detalles que pueda recordar. Se sorprenderá del rápido
progreso que seguirá a su entrenamiento.
? Puede, igualmente, examinar cualquier objeto, considerar su
forma, sus dimensiones, su color, sus detalles particulares,
etc., luego retirar la vista, haciendo de memoria una
descripción lo más completa posible. Cuando la halla terminado,
compárela con el objeto.
Al próximo día, recomience el mismo ejercicio con el mismo
objeto y constatará entonces que las impresiones que el emana
son mucho más numerosas y que muchos detalles nuevos surgen en
su conciencia.
? Usted puede también, a la manera de los policías, observar
rápidamente una persona, cerrar los ojos o girar la cabeza y
recordar los detalles entrevistos: color de la cabellera, ojos,
forma de la nariz, labios, color y diseño de la corbata, etc.
HACER INMEDIATAMENTE LO QUE DEBE SER HECHO
Conviene no dejar acumular su mente y por
consecuencia su memoria, con la idea de lo que usted tiene que
cumplir diariamente y que es preciso realizar en un momento
dado. Pues si usted debe recordar mil pequeños detalles de la
existencia habitual su mente cesará de estar disponible para los
problemas realmente interesantes.
Para esto, es preciso acostumbrarse a hacer
inmediatamente lo que se debe hacer. Así, salvo por las cartas y
email de cuya respuesta demande algún tiempo de reflexión, usted
responderá inmediatamente el correo que acaba de abrir. Ese es
un asunto en el que usted no pensará más y sus corresponsales le
agradecerán su prontitud. Si usted tiene un pago que efectuar,
hágalo lo más pronto posible, lo que le evitará pensar en este
acto (que puede ser desagradable) y, además dará satisfacción al
acreedor. Igual, un cobro a realizar, hagámoslo pronto, será el
deudor quien deba pensarlo y no nosotros.
Se podrían multiplicar los ejemplos de este
género: corte en un diario, el artículo que usted quiere guardar
y escanéelo inmediatamente; anote inmediatamente en una ficha
las enseñanzas que quiere conservar; guarde en su lugar el
objeto que acaba de
utilizar, etc.
Es no solamente recomendable el no sobrecargar
inútilmente la memoria, sino también en cierto número de casos,
el olvido.
Una memoria muy emocional y poco constante puede
constituir en efecto una traba para el desarrollo superior de la
mente, de una parte, a causa de la acumulación de basura que
ocasiona, y, de otra porque puede obscurecer y enturbiar el
juicio. Además es susceptible de crear verdades obsesiones, pero
al respecto, y para preservarse de lo que no le place, su mente
elimina, a veces automáticamente, algunas imágenes cargadas de
un complejo afectivo desagradable.
En todo caso, para evitar esta acumulación de
basura, es necesario primero, como acabamos de decirlo, no dejar
para mañana lo que puede hacer hoy, y de otra parte, en otro
modo de comportamiento, es preciso rechazar su atención a los
pensamientos sin
valor o inútiles, a las imágenes inoportunas, a los textos sin
interés, a los detalles superfluos.

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